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Peligroso, caótico e inentendible: 'lluvia' de críticas al nuevo reglamento por parte de los pilotos

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Redacción

El estreno del nuevo reglamento técnico de la Fórmula 1 en el GP de Australia ha dejado algo poco habitual en el paddock: una sensación de desconcierto prácticamente unánime entre los pilotos.


Tras años en los que el campeonato presumía de haber alcanzado algunos de los monoplazas más sofisticados y rápidos de su historia, el debut de la normativa de 2026 ha abierto un intenso debate sobre si el nuevo concepto técnico realmente funciona en pista.

El objetivo del reglamento –repartir aproximadamente al 50% la potencia entre el motor térmico y el sistema eléctrico– buscaba acercar la Fórmula 1 a la evolución tecnológica de la industria y, al mismo tiempo, favorecer las batallas en carrera. Sin embargo, después de la primera prueba del año, muchas voces protagonistas creen que ese equilibrio todavía está lejos de haberse logrado.

Uno de los comentarios más contundentes ha llegado por parte de Lando Norris, que no ha ocultado su frustración al describir el comportamiento de los nuevos coches. El británico ha sido especialmente crítico al afirmar que la categoría ha pasado "de tener los mejores coches de la historia a probablemente los peores".

Más allá de la exageración retórica, su diagnóstico refleja la principal queja de los pilotos: la enorme dependencia de la gestión energética. Según el de McLaren, el rendimiento del coche depende en muchos momentos de lo que decida hacer la batería, generando situaciones en las que un piloto puede ganar o perder decenas de kilómetros por hora en cuestión de segundos.

Ese carácter imprevisible, explica, provoca adelantamientos repentinos o momentos en los que simplemente no se puede responder al ataque de otro coche. Incluso ha llegado a expresar preocupación por la seguridad, señalando que diferencias de velocidad de hasta 40 o 50 km/h podrían generar accidentes muy violentos.

Una línea de pensamiento similar ha expresado Max Verstappen, aunque con un enfoque más conceptual. El neerlandés ha recordado que tanto pilotos como aficionados quieren lo mejor para el deporte y que las críticas no nacen de la simple queja.

Su sensación tras la carrera en Melbourne es que el nuevo reglamento ha alejado a la categoría de la esencia tradicional de la Fórmula 1. El tetracampeón del mundo ha resumido esa idea con una frase muy gráfica: lo que muchos querían era "F1 de verdad, sin esteroides". La metáfora refleja la percepción de que el rendimiento del coche depende ahora demasiado de factores artificiales, especialmente del despliegue energético y menos de la conducción pura.

También Carlos Sainz ha apuntado directamente al corazón técnico de la normativa: el reparto de potencia 50-50 entre el motor de combustión y el sistema eléctrico. El español ha cuestionado abiertamente que la fórmula elegida sea la adecuada para las carreras de Fórmula 1 y ha admitido que la sensación general con los nuevos coches es negativa.

En su caso, además, ha subrayado un aspecto particularmente sensible: la seguridad. Durante la salida del Gran Premio, varios monoplazas experimentaron problemas de entrega de potencia, generando momentos de incertidumbre en plena parrilla. Para el madrileño, si algo debe prevalecer en cualquier evolución técnica del campeonato es precisamente ese factor.

El desconcierto ha quedado resumido de forma casi involuntaria por Sergio Pérez, quien ha reconocido no entender del todo el comportamiento del sistema híbrido. "No entiendo nada sobre el uso de la batería, cambia todas las vueltas", ha dicho tras la carrera. Si un piloto acostumbrado a la complejidad tecnológica de la era híbrida desde 2014 expresa esa sensación, el mensaje es revelador: el nuevo sistema todavía resulta poco intuitivo incluso para quienes lo pilotan.

Con sólo una carrera disputada sería precipitado afirmar que el reglamento de 2026 ha fracasado. La historia de la Fórmula 1 demuestra que muchos cambios técnicos necesitan tiempo para ser comprendidos y explotados por los equipos. Sin embargo, la coincidencia de críticas tras el debut en Australia muestra que existe una preocupación real dentro del paddock.

La FIA diseñó esta normativa para abrir una nueva era tecnológica, pero ahora el campeonato se enfrenta a una pregunta incómoda: si el nuevo concepto realmente mejora las carreras o si, por el contrario, ha complicado más de la cuenta algo que durante décadas fue relativamente simple: pilotar el coche lo más rápido posible.

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