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Bearman y un accidente de 50G en Japón que destapa las vulnerabilidades del nuevo reglamento

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Bruno Chicote

El fortísimo accidente de Oliver Bearman en el Gran Premio de Japón, con un impacto de 50G, no solo puso en evidencia la violencia que pueden alcanzar los incidentes en la Fórmula 1 moderna, sino que también ha destapado las debilidades del actual reglamento técnico.


El piloto británico de Haas perdió el control en la curva ‘Spoon’ al intentar esquivar al coche de Colapinto que iba lento debido al polémico fenómeno del ‘clipping’, y acabó estrellándose contra el muro. Aunque Bearman logró salir por su propio pie, visiblemente dolorido y cojeando, las imágenes reflejaron con crudeza el impacto real que estas situaciones tienen sobre los pilotos. Tras las revisiones médicas, el equipo confirmó que no sufre fracturas.

Este accidente no es un episodio aislado, sino la consecuencia de un problema que varios pilotos llevan semanas denunciando: la enorme dependencia energética de los nuevos monoplazas y la imprevisibilidad que genera el ‘superclipping’, cuando un coche pierde potencia de forma repentina por agotamiento de la batería. Lando Norris ya había mostrado su frustración en Australia, advirtiendo que estas variaciones bruscas de velocidad convierten maniobras normales en situaciones de riesgo. Lo ocurrido en Suzuka parece darle la razón. Poco después del accidente, Russell y Leclerc vivieron un momento parecido en la misma curva que, por suerte, no tuvo consecuencias.

Mientras la F1 busca mayor eficiencia y protagonismo de la parte eléctrica, el coste en términos de seguridad empieza a ser evidente. El accidente de Bearman es un recordatorio de que la innovación no puede comprometer la integridad de los pilotos. La historia reciente lo subraya: con 50G registrados, el impacto del piloto de Haas ya es el cuarto más fuerte de la década, solo por detrás del de Romain Grosjean en Baréin 2020 (67G), Gabriel Bortoleto en Brasil 2025 (57G) y Max Verstappen en Silverstone 2021 (51G). Una estadística que expone las carencias del reglamento actual.

LA FIA SE PRONUNCIA AL RESPECTO

“Tras el accidente de Oliver Bearman en el Gran Premio de Japón y la contribución de las altas diferencias de velocidad en dicho incidente, la FIA desea ofrecer las siguientes aclaraciones.

Desde su introducción, la normativa de 2026 ha sido objeto de discusiones continuas entre la FIA, los equipos, los fabricantes de unidades de potencia, los pilotos y la FOM. Por diseño, estas regulaciones incluyen una serie de parámetros ajustables, especialmente en lo relativo a la gestión energética, que permiten su optimización basándose en datos del mundo real.

La posición constante de todas las partes implicadas ha sido que se llevaría a cabo una revisión estructurada tras la fase inicial de la temporada, con el fin de recopilar y analizar suficientes datos. Por ello, se han programado varias reuniones en abril para evaluar el funcionamiento de la nueva normativa y determinar si es necesario introducir ajustes.

Cualquier posible modificación, en particular las relacionadas con la gestión energética, requiere una cuidadosa simulación y un análisis detallado. La FIA continuará trabajando en estrecha y constructiva colaboración con todas las partes para garantizar el mejor resultado posible para el deporte, y la seguridad seguirá siendo siempre un elemento central de su misión. En este momento, cualquier especulación sobre la naturaleza de los posibles cambios sería prematura. Se comunicarán nuevas actualizaciones a su debido tiempo.”


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